Woody Allen: El gigante que se niega a morir

Woody Allen, uno de los mayores artistas de su generación. Con 45 películas y 4 Oscar, seguimos esperando con ansias su siguiente film. Después de cientos de autores que se retiran, frustrados y con un gran arrepentimiento, el maestro sigue aquí deleitándonos con sus chistes y fobias.

Luego una niñez concentrada principalmente al aprendizaje del clarinete y a ser el payaso de la clase, Woody debutó escribiendo chistes en el periódico local, y después de eso no hubo nada que lo pudiera detener.

 

 

Tras salir de su primera película Lily, la Tigresa (1966), se encontraba frustrado por obtener un fiasco debido a las presiones del estudio. Por lo que decidió escribir, actuar y dirigir la gran comedia Take the money and run (1969), una obra que nos mostraba el potencial cómico del director que luego sería reforzado por películas asombrosas como Bananas (1972) y Sleeper (1973).

 

Luego del increíble éxito del director, nos encontrábamos con el Chaplin bohemio de Nueva York. Un hombre que causaba sensación en los medios y se presentaba en rutinas de Stand Up alrededor de la ciudad.

Tras las magníficas Annie Hall (1977) y Manhattan (1979) (dos obras repudiadas por el mismo Allen), el nombre del gigante resonaba en todo el mundo. Para luego causar estragos al estrenar Stardust memories en 1980, una película que representaba su frustración al tratar de trasladarse al drama luego de su carrera de cómico. Pasando de comediante de Cabaret a filósofo de universidad.

Para ese momento ya nos encontrábamos en la racha de una película al año, que se mantiene hasta el día de hoy sin importar sus 80 años recién cumplidos.

Hemos visto distintas facetas, de escritor de teatro, músico y actor. Pero algo siempre nos quedará claro, Woody Allen es uno de los mejores directores de la historia.

No solo por las asombrosas hazañas que ha realizado en dicho arte, sino por el universo formado alrededor de sus piezas. Mostrándonos el mejor retrato de Nueva York a la fecha, y situaciones anormales que se desenvuelven en la gran manzana y recientemente alrededor del mundo.

En sus últimos filmes, podemos admirar a un cineasta que se niega a morir y permanece en un mundo clásico y nostálgico, que parece perdido en el cine actual.

Esperamos que Woody nunca muera y siga deleitándonos cada año, para obtener nuestra dosis anual de comedia y drama diferente a cualquier otra.

Me despido dejándolos con un vídeo de los mejores momentos en la gran pantalla de este asombroso hombre:

Juan Pablo Orellana

 

 

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