Recomendación semanal: El hijo de Saúl, el retrato más cruel del holocausto

Los Sonderkommandos eran unidades de trabajo durante la Alemania nazi que estaban formados por prisioneros judíos, y no judíos, seleccionados para trabajar en las cámaras de gas y en los crematorios en los campos de concentración nazis, durante la Segunda Guerra Mundial.


Mostrándonos la definición pasada en pantalla comenzamos un camino nada agradable pero necesario sobre uno de los eventos más deplorables de la historia humana. La Guerra no solo eliminó muchas generaciones del mapa, sino que influyó en nuestra cultura cambiándonos de una manera definitiva.

Ya a casi 80 años del fatal suceso, siguen habiendo obras referentes al tema, no solo por su afectación a la civilización sino por la manera en que nos mostró hasta donde podría llegar nuestra humanidad. Después de obras gigantescas como La lista de Schindler (1993) o El pianista (2002) llegan cintas como estás, para mostrarnos las heridas profundas que permanecen abiertas incluso en nuestros tiempos.

 

Permaneciendo en un diminuto Aspect Ratio, el filme se enmarca como un retrato en la pantalla de cine, dejándonos una sensación de reflexión y poder que se escapa de los marcos de la misma para llegar hasta nosotros y volvernos espectadores activos de la trama.

Tabla de Aspect Ratio

Rodeando la historia de un Sonderkommando, las reglas del juego son marcadas en sus inicios, dejándonos claro como todas estas personas van a morir y todo su trabajo será realizado por unos pocos meses más de vida. Establecen una especie de gueto subterráneo donde buscan redención por los incontables trabajos que son obligados a hacer.

Se nos es presentada una especie de rutina infernal, en donde el protagonista Saúl debe ir a su propio pueblo para acompañar a sus amigos a los campos de concentración, al llegar a su destino se les dice que se desvistan y tomen una ducha para luego ir a buscar un té o café caliente, mientras los gritos infernales de las cámaras de gas resuenan en todo el establecimiento, estos deben reunir los objetos de valor y posteriormente remar y deshacer los cuerpos de toda la gente con la que han crecido.

En todos estos actos no existe una especie de detenimiento o remordimiento específico, la deshumanización del individuo ocurre mucho antes de que comience el film, por lo que vemos a un sujeto realizando toda clase de tareas sin siquiera prestar atención sobre su propia existencia.

Todo marchará de la misma manera hasta que vemos a un niño entre la catástrofe, este sigue respirando después de haber sido encerrado en una de las cámaras y cuando es extraído por Saúl los doctores asesinan fríamente al niño para llevárselo y realizar exámenes sobre la efectividad del método de exterminio.

Afectado por su situación comienza la tarea más grande de todas, darle un entierro digno al cadáver que ahora llama “su hijo”. La crudeza de todos los hechos es especialmente acentuada por la brillante dirección de arte y cinematografía, un mérito sorprendente para ser la opera prima del director.

Debo realizar un énfasis en la fotografía, que en lo personal me parece el elemento principal que la distancia de otras películas sobre el holocausto. La cinta no te muestra actos brutales sin mas, mediante el uso del lente focal, nos da una mirada claustrofóbica y asfixiante pegando la cámara sobre nuestro protagonista. Me sentí cada vez más apretado dentro de los límites de la ficción, llegando a percibir el maltrato físico y mental de la película en niveles que anteriormente no había experimentado.

Al finalizar lo único que pude hacer fue arrastrarme en silencio de la sala de cine y reflexionar, ya que esta película no se consume sino se digiere, y en ocasiones mucho más que películas que objetivamente muestran más carnicería en pantalla. No vemos violencia por el fin de violencia, sino que apartamos la vista para hacernos indiferentes ante una masacre que permanece en la historia como la más infame hasta el momento.

El hijo de Saúl ganó el Oscar a la mejor película extranjera y fue una de las más galardonadas en Cannes, pero no planea ser una película de festivales, sino tiene el objetivo de atravesar cualquier barrera para hacerte reflexionar y sentir los actos más despreciables de nuestra humanidad.

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