Recomendación semanal: There Will Be Blood: La película esencial para ser un magnate de la industria…

¡Golpea!¡Extrae! ¡Obtén! Las ambiciones del hombre son tan grandes como su disposición por permanecer dentro de un agujero cavando bajo el sol ardiente. Aunque la desgracia lo persiga su meta no se moverá, y aunque ese hombre abandone su humanidad su ambición sólo crecerá.


 Arduos kilómetros de polvo y desierto separan a dos hombres de ese costoso brillo, en el silencio que los opaca uno de ellos cae mortalmente por el profundo agujero que tanto sudor ha pedido a sus dueños, en el fondo del mismo se halla finalmente el preciado oro. Te encuentras solo junto al bebé huérfano de tu fallecido compañero, ¿qué harías?

There Will Be Blood nos plantea un camino sagrado hacia la grandeza, tomar el oro, adoptar al niño y perseguir un nuevo negocio en el área petrolera no sería una mala idea. Desde el comienzo, la vida de este segundo hombre se encuentra completamente solucionada, pero esto nunca es suficiente, dentro de las fronteras de la ambición nace un límite muy fácil de traspasar, y el sujeto que se atreva a hacerlo deberá entregar consigo la poca humanidad que todavía mantenga.

Partiendo de este punto, se nos presentará un estudio de personaje magistral, en donde veremos todas las etapas de desprendimiento y podremos llegar a un significado que escape incluso del argumento principal, teniendo toda clase de simbolismos sobre la historia de los propios Estados Unidos.

Daniel Plainview es un magnate petrolero de finales del siglo XIX y principios del XX, pero al contrario de filmes como El lobo de Wall Street (2013), la decadencia de este no es mostrada con ninguna especie de glamour. Vemos explicitamente como el espíritu de este hombre se corrompe, llegando a preguntarnos en un punto si alguna vez existió algo de humanidad en él.

Daniel Day Lewis (Lincoln, Gangs of New York) da una de las mejores interpretaciones de su carrera, no sólo recibiendo el Oscar a mejor actor principal, sino plasmándose sobre uno de los grandes estandartes de la actuación americana en donde podemos notar los sutiles cambios de este antihéroe, sin ver en ningún momento algún indicio de sobreactuación.

Junto al pastor Eli (Paul Dano), veremos la evolución de ambos personajes en un entorno de ambición y corrupción de poder, por un lado teniendo el fanatismo religioso y la voluntad de traicionar tus creencias por dinero, y por otro encontrándonos con las repercusiones del poder hasta un punto en donde la moralidad se hace completamente inservible.

Siendo una de las obras maestras del visionario director Paul Thomas Anderson (The Master, Inherent Vice), el recorrido se vuelve una experiencia visualmente estimulante por sus usos de la luz y construcción de sets. Cada cuadro se alinea a la perfección teniendo un sentido propio en la narrativa, creando imágenes imponentes que además de transmitir información por sí solas, se adhieren firmemente en tu imaginario.

Los sonidos de violín dirigidos por el maestro Arvo Pärt, crean una banda sonora que retrata no sólo a un personaje, sino a una época. Pudiendo capturar de esta forma suficiente potencia para obtener momentos de reflexión entre escenas, dejando espacio para una trama que se desenvuelve sin problemas pero deja suficiente espacio para la interpretación.

La búsqueda por el preciado oro negro es llevada a cabo con un alto rigor, construyéndose estructuras gigantescas y oleoductos alrededor de todos los terrenos, pero es mucho más interesante contemplar las relaciones de la empresa petrolera con la iglesia cercana. Una evolución de compañerismo a total destrucción y humillación es llevada a cabo, deteniéndose como si contáramos con una visión sagrada, en los momentos de mayor claridad y traición.

El ritmo progresivo construye diferentes capas mientras avanza, teniendo todo tipo de conflictos con un detenimiento reservado para la contemplación del personaje principal y sus acciones. Escalando hasta un nivel en donde se me hace imposible detener el filme y apartarme, dejando muy claro desde un principio el tipo de intensidad al que apunta.

No solo es una gran película, sino que representa mucho para mi propia formación. Recuerdo la emoción al momento de reproducirla, la incertidumbre de su final sigue rondando en mi cabeza acompañado de todos los elementos que hacen de esta cinta una experiencia para abordar en múltiples ocasiones.

Cuando vemos al segundo hombre tirado sobre un lugar apartado del polvo y cubierto de lujos, apartamos la vista de ese padre adoptivo que una vez llegó a ser, nos adentramos lentamente en el pasado viéndose opacado por un negro y un rojo intenso, y cuando finalmente se apaga la pantalla, vemos como los tres individuos del principio ya no existen.

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