Atrapado en un entorno|Ayer cayeron: Dos borradores

 

 

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Revisé uno de mis cuadernos por un rato. Encontré un texto que había olvidado, en el que hablaba sobre la situación del país. No suelo escribir ni hablar sobre política, me cuesta demasiado, tanto que ese texto lo encontré sin título e inconcluso. Seguí revisando y encontré otro más, un poco elaborado hacia una posible ficción que nunca llegó a ver luz. Los he pulido un poco al transcribirlos. Ambos los titulo Ayer Cayeron, como parte de una especie de masa  que si algún día llegase a escribir, probablemente estos textos se extingan con el tiempo. Para inmortalizarlos, pues aquí los tienen.

UNO

Sus nombres han sido utilizados como instrumento de la inmensa amalgama política durante todos estos años hasta la fecha, ¿a costa de populismo? Después de dar su vida, sin saberlo siquiera, es cuando los mandatarios de ambos bandos y distintos partidos empezaron a actuar.

Por un lado, la oposición pareció habérsele prendido el bombillo después de tanto tiempo dejando correr agua bajo el puente. Por otro lado, el oficialismo le resultó cómico amedrentar contra un pueblo en crisis, burlar lo legítimamente concebido en la Constitución de la República, utilizar el dicho “tu palabra contra la mía” afuera para con las demás naciones que observan más no ayudan mientras se esconden tras carpetas inmensas puestas en la mesa con temas de carácter diplomático sin reparar en lo humanitario, y así, descubrir que dar la orden de matar a sangre fría no es más que la única opción que les queda en los bolsillos sucios para seguir en eso que tanto les quita la sed más no la cicatriz: el poder.

Llorarían su trágica partida y la de los siguientes en la lista de espera, negra y sanguinaria, de los cuerpos policiales y militares que solo pueden ser calificados como asesinos que disparan contra su propia gente. Pero, ¿y ahora? Los medios de comunicación parecen abstenerse de buenas a primeras, siendo parte del conjunto procesal mediático que hoy vive Venezuela, lo quieran o no. Parecen tener miedo a hablar, tal vez por las incontables amenazas por parte de los insurrectos, o por resguardar su vida, su familia y su empleo. Se han visto en la obligación de abandonar el país, en busca del gran quizás. Y es que desde los últimos dieciocho años la palabra Patria parece haberse tornado algo equívoco en cuanto a su verdadero significado. Esta dictadura que parece tornarse más fuerte pero que, aun por más régimen de esteroides que sea, en los libros de historia se encuentran las respuestas, y tendrá caída mañana, por más que otros sigan intentando callar a costa de balas y gases lacrimógenos a un demos entero.

DOS

¿Habrían de escucharte? Todos los que ayer cayeron, que darían el sacrificio de entregar su sangre sin saberlo. A un año de tu luz, vivirán mañana. Y que descansen en paz, pues su memoria es una nébula inmensa que arropa nuestra historia. Y se escuchan los ecos de sus voces aún sumergidas en el asfalto, en la tierra infértil, y en el viento… retumban como notas de la armonía más perfecta en el silencio de las madrugadas. El libreto se ha escrito. Ha sido el manual más sanguinario nunca antes visto. Te descuartizan los pulmones, te asfixian con gas vencido, te golpean en la sien, te desnudan, te escupen, te encierran, te perforan la dermis con granos de plomo a quema ropa, hasta atinar de lejos una bala directo al cráneo que te sucumbe por dentro a flor de oído, asesinándote al instante, en medio de la soledad.

El pobre en su choza que pide libertad está sentado al lado de Doña Muerte. Camina, cabizbajo, entre la mierda salida de un río que yace desbordado, voltea hacia atrás, sin parpadear. Piensa: Cuán jodida estás, corazón. El Yugo se aseguró de asesinar al bravo pueblo hasta no dar descanso a su brazo, se robó la frase de un general traicionado. ¿Acaso merece la pena? Después de todos estos años ya mutaron en ti, se expandieron como metástasis celular entre las venas que arden sin amor. Los olvidan, cómo los olvidan. Una banda de rock te lo recuerda, en una estrofa de una canción con nombre de novela. Es lo más cerca de una imborrable transcripción de sus nombres en una minúscula cuarta parte de tu historia. ¿Cuántas vidas más se llevaría el Yugo? Parece no entenderse la gravedad de tu enfermedad, de lo que hoy y siempre, desde que te conocí, has estado viviendo, y parece no tener fin.

*¿Continuará?*

 

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