Atrapado en un entorno | De extraño a extraño

pensares

Lea con atención estas líneas, por favor. No le pido más que guarde una discreta compostura, se acomode y siga leyendo, como si nada. Si está usted en público, finja una inexorable concentración como si estuviese leyendo un cuento fantástico del más allá (o a Balzac), así nadie se dará cuenta de lo que estaré a punto de confiarle. Pero, debe usted llegar hasta aquí y dejar de leer de inmediato hasta que se encuentre en plena y total soledad, vaya, le doy un chance. Permítame adivinar: se encuentra sumergiéndose en su propio mar de confusión y lo intriga demasiado continuar con esto sin parar. Aunque sienta a penas un aire de temor.

Ambos somos dos extraños, ni usted sabe de mi, ni yo menos de usted. Quizás está leyéndome desde su cama propia, prestada o alquilada. Desde su departamento, casa, mansión o rancho. Quizás desde un sofá marrón, rojo, verde, qué se yo. Quizás esperando un vuelo en un aeropuerto de alguna ciudad que justo acabó de visitar y saltará a otra en un rato, o quizás en pleno avión ya por encima de las nubes, a unos treinta y siete mil pies de la tierra inmunda, viéndola por la ventana desde las alturas y el sol pegándole en el iris. O quizás, tal vez, desde una plaza pública con un montón de gente paseando a sus perros, corriendo, riendo, adolescentes besuqueándose, señores con barba vendiendo collares raros, niños comiendo helados, señoras chismeando, señores jugando dominó, vagabundos tirados en el suelo cochino siendo cochinos hasta morir. Quizás desde un vagón en pleno metro, o dentro de un bus sin aire acondicionado y con todos los asientos ocupados. Quizás sea de noche o de madrugada en donde se encuentra usted ahora, o puede ser que sea de mañana o mediodía, o de tarde a la hora del café, del cigarrillo, o del té. Quizás sea usted una señorita con senos grandes, o pequeños, pero con pezones tan bellos como los de la virgen María. Puede que no tenga senos, que más bien sea un viejo amargado y calvo, o un muchacho que lee por pasión mi tan malísima mala prosa. En fin, hay muchas posibilidades, amigo (o amiga), si me permite llamarle así. La verdad es, que no interesa quién sea usted, pues tampoco debe importarle mucho quién sea (o no sea) yo.

Dejémonos de rodeos, se lo digo así: nada de formalidades en lo que a mi concierne. Deje de vacilar y acérquese más, sienta, huela y mire de cerca estas palabras, aunque lo deje ciego o perturbado por su hipermetropía que aún no sabe que padece. Porque debe creerme lo que le voy a confiar, pues usted, y nada más que usted, es la persona indicada. Présteme atención: ahora mismo, en este instante, yo estoy existiendo, viviendo, y siendo lo que soy. Tengo un nombre que debe usted saber cuál es, tengo un historial, un currículum, un registro, una documentación, una partida de nacimiento, una fecha de vencimiento como todos los mortales, un pasaporte, una cédula, una mamá, una novia, una cara, una prosa, una personalidad, una voz, una dirección, un carácter, un cierto sentido del humor o malhumor mejor dicho, un pensar distinto del resto, un alma, una vida, un pene, un par de bolas puestas, y una coraza a punto de romperse. He llegado a la conclusión de que debo dejar de morir viviendo, y empezar a vivir más. Porque ya me enteré, lo vi con mis propios ojos. Ésta será mi penúltima vida humana. ¿La última? Inmunda, puerca, infernal y asesina. Seré un ser despreciable porque naceré en el desprecio mismo. En la otra seré un gato mezquino y glotón de ojos verdes. En la siguiente, después de esa, seré un simple guayabo al que cortarán sin previo aviso, así nada más. Entienda, por favor, que no quiero vivir mi última vida próspera ahogado con aires de rencores, remordimientos, malestares, tristezas, penas y melancolías.

Debe usted pensar que estoy jodidamente loco, pero no del todo, créame. Dejo la complicada tarea en sus manos de que me busque, solo así sabré que aunque sea alguien descifró el mensaje encubierto. Y cuando por fin me encuentre, lo único que tiene que hacer al estar enfrente de mi es no pedir ayuda, ni llamar a la policía, no sea estúpido (o estúpida).

Y por favor, por nada del mundo vaya a comentar ni una sola palabra de estas a nadie en lo absoluto. Por respeto a un extraño, será nuestro secreto. De extraño a extraño.

@rarovar

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