Atrapado en un entorno | Tres

flor

TRES

Mientras lees pensarás: Estoy jodido. Vuelves a pensar: Caracas está jodida. Venezuela está jodida. Todos estamos jodidos. Desde cuándo se ha jodido el país, piensa un señor en la cola. Cómo se ha jodido esto, piensa el insurrecto después de entregar el documento. Está jodida la vaina, bro, dice el estudiante. Qué jodido, hermano, dice el exiliado por teléfono. Así están las cosas aquí, jodidas, explica el preso político al cabo virgen guarda celdas después de limpiarse la cara manchada de mierda humana. Cuán jodido es comunicar, grita el periodista a otro periodista. La verdad no es jodida de comunicar, jefe, cabizbajo, alza la voz el pasante refutando argumentos sin tener todavía un título de papel. Nos están viendo todos, presi, vice, dipu, defensorcito, qué vamos a hacer ahora para que no nos jodan. Lo mismo de siempre, nadie nos va a joder. Esconda el paquete, tome los billetes, este negocio seguirá a pesar de lo jodido que es levantar cuatro paredes para infiltrarlas. Nunca se acabará, acaso has visto a cuántos hombres bomba les podría interesar, sigue imprimiendo, y reprimiendo, nos haremos ricos sin remedio. ¿Jodido? Que te maten a un hijo o una hija de un tiro en la cabeza sin razón y a traición, eso sí es jodido, declara un padre en luto frente a los micrófonos.

Te levantas, luego de leer el titular. «Ayer cayeron asesinados los que con su voz lucharon». Nunca habías leído algo tan similar a tu poesía barata. Al fin alguien deja de callar. Habla con la verdad. Mata la censura con su voz. Cacofónico en su haber. Quisieras leer la nota, pero está en blanco. No hay nada. ¿Acaso es una farsa? No es de extrañar que sea una trampa de la dictadura en la cual acabas de caer, como un náufrago asfixiado, intoxicado. Qué enfermizo es comunicar lo incomunicable, piensas. ¿Y ahora? Ahogado estás, frente a la ventana, te asombra que aún siga ahí intacta, como si nada. Le gritas. Lloras. Vuelves a gritarle. Nada. Le sorprende tu desesperación adolescente. Vuelves a sentarte frente al monitor. No vas a dormir porque pensarás en ellos, y en los que acaban de caer, en los que ahora están cayendo sin remedio. Vuelves a maldecirlos, pero de nada sirve, ahí seguirán hasta quién sabe cuándo. Se va la conexión. Se apaga el computador. Las luces. Cierran las ventanas. Tus ojos. No hay vida en las avenidas. Ni estrellas ni luna ni nubes en el cielo. El silencio, otra vez, te dice algo. Así de oscuro está tu corazón. La única reverberación es una brisa que sientes en los labios. Recuerdas. Tu voz llegó hacia los designios finales.

@rarovar

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