Atrapado en un entorno | La verdad en un balón

soccer

Soy la sombra, la voz del silencio que vuela con la esperanza de encontrar la verdad en un balón.

Recuerdo la última vez que pisé la cancha sin mirar atrás. Me despedí no solo de mis compañeros, sino de ella. Agachándome por un momento. Sintiéndola en mis yemas. Era oficial: estaría dispuesto a dejar media vida entera, aún demasiado corta, dedicada a correr y patear balones tres días a la semana durante casi diez meses de los doce totales. Se acabó. Y me arrepentiría por siempre.

No entendería qué es vivir el fútbol, y cómo éste se vive con el corazón, sino hasta años más tarde después de haberlo dejado todo. Supe que el verdadero significado de correr y patear balones no era otro sino la vida misma. Y que esa vida sería fructífera a medida que me refugiara en la pasión. La mejor amiga, amante y musa de todo futbolista.

Y todavía se refracta en mi retina aquella luz perenne, crea la imagen del código vítreo más hermoso, sin jamás captar ni un solo movimiento. De solo ver el mismo cielo caerse encima un sábado a las doce del mediodía, luego de haber perdido mi primer partido, se me queda en blanco la mirada, y entonces vuelo. Ya correr y patear balones no sería más que una metáfora para mí.

Poco se sabe de aquel niño con el número trece en el dorsal, solo por curiosidad le ha parecido llamativo aquel primer balón encontrado en el camino. Estaba solo. Y después de chutar el penalti más importante de su vida, desearía poder tener presente aquel momento por el resto de las eras, presente como los zapatos aún bañados de tierra seca en el estante.

El amor fue a primera vista, aunque suene muy cliché. Todo se lo debería a su mamá, quien lo inició en su primer entrenamiento cuando él ya se había decido a recorrer un camino entero con el mismo balón a sus pies. Aquella tarde, al escuchar latir mi corazón más rápido de lo normal, lo supe: estaría dispuesto a dejarlo todo por jugar al fútbol. Entonces reconocí lo verdaderamente trascendental dentro de mí, y siempre lo recordaría desde ese primer momento.

Pero, aún funciona el futuro, y es precisamente cuando el balón lo pongo a rodar. Camino, cabizbajo, y volteo hacia atrás para mirar la cancha, sin amor: el camino desmoronándose entre el recuerdo vago de un partido también vago. Pienso: ahora sí se acabó. El balón se fue rodando, y mi suerte tal vez con él.

Por un momento, recuerdo las voces del silencio en mi memoria: hay vida donde encuentras tu pasión. Entonces lo entendí.

No sé cuál sea mi pasión, pero no es precisamente el fútbol. Lo admito. Me dio muchas cosas, y hoy siento rabia y rencor conmigo mismo por haber preferido el cigarro, el alcohol, el sedentarismo, en vez del juego de toda mi vida desde que tenía siete años. Lo cierto es que el pasado es pasado. El presente es presente. Y el futuro, sí funciona, pero solo olvidando los errores y las pesadillas de anteayer. El dolor es agobiante, pero las ganas de vivir pueden más que cualquier dolor físico, mental y espiritual.

¿Y hoy? Miro hacia la ventana. El camino que se ve de lejos parece estar más cerca.

Es el comienzo de otro sin retorno, otro que traerá consigo el código más hermoso para arriesgarse a la búsqueda de una sola cosa: la verdad en un balón.

¿Habría de encontrarla?

@rarovar

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s